Cuaresma 2022

CUARESMA 2022: EN MEDIO DE UNA SERIA TEMPESTAD, PROVOCADA EN TODAS LAS PARTES DEL MUNDO POR EL DIABLO VESTIDO DE COMUNISTA. EL MUNDO ENTERO, EUROPA, ESPAÑA Y UCRANIA, LA CENICIENTA DEL DOLOR, Y RUSIA EL ALIADO DE SATANÁS.

Hoy más que nunca es urgente releer en clave de CONVERSIÓN los dos mensajes dados en San Sebastián de Garabandal, cuyos mensajes no son anécdotas aisladas de unas apariciones, sino el centro y el reto de las mismas. Es tiempo de plantearse nuestra identidad de bautizados a la luz de las bellas e inquietantes palabras de los mensajes: todos estamos llamados y retados a vivir la Cuaresma con la fuerza de tales acontecimientos y tales mensajes. Es un tiempo vivido como búsqueda y encuentro, que nos lleva a una CONFRONTACIÓN abierta con la vida diaria, para liberarla de la oscuridad y transformarla, y vivir así una PASCUA bella y luminosa.

Avanzando, un año más, por los caminos cuaresmales, podemos recordar las palabras de San Pablo a los Corintios: “Me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí, el poder de Cristo” (2Cor. 12, 7-10). Las principales facetas de la gran CRISIS que atraviesa la humanidad en estos momentos, son principalmente:

1) La pandemia del covid 19, que esclaviza al ser humano haciendo de él ser domado por los políticos de turno, sembrando el miedo y el desconcierto sanitario y políticamente por la actitud confusa de políticos y países, aprovechando dicha pandemia para controlar al individuo, privándolo de la libertad.

2) La invasión rusa sobre Ucrania que compromete a Europa y a todos los países del mundo suscitando un atentado de esa humanidad, atropellando la cultura de la vida, la dignidad de la persona y los grandes males económicos. La fuerza del comunismo a escala mundial y nacional, atentando contra la Iglesia y los valores evangélicos.

3) Europa occidental en profunda decadencias de valores, y sumergida en una gran crisis de fe y de la cultura de la muerte: las nuevas leyes sobre el aborto, eutanasia, ley de género, y divorcio.

4) El fenómeno de la globalización, que no sólo es testigo del progreso técnico y científico de la humanidad, sino que también ha desnudado la gran pobreza del corazón del hombre del siglo XXI, sumergiéndolo en una profunda soledad.

Ante este panorama nos queda vivir la verdad de Cristo y tener como norma su Evangelio. En medio del cambio de época que se manifiesta en toda su crudeza y sacude hasta aquellos que más seguros se sentían. En medio de tantas realidades enumeradas, se impone una Cuaresma firme y exigente, exenta de lindeces y liturgias “baratas”. Es un tiempo de gracia (2Col 6,2) para saber dónde estamos y descubrir a dónde vamos. Hoy se plantea elegir entre caminos que conducen a la vida o caminos que conducen a la muerte (Dt. 30,15). La Iglesia nos invita a una autentica conversión (2Cor. 5,20). La conversión tiende a producir una nueva forma de ser y de actuar, para ello debemos escuchar a Dios, que nos busca en nuestra debilidad (Gen 3, 8-13), y confrontar nuestra desnudez con la Misericordia del Padre, nuestro pecado, con su paciente espera para vernos venir desde “lejos”(Lc 15, 11-32). La conversión es don y tarea, nunca es instantánea, ni siquiera la de Sauro de Tarso (Hch 9, 1-18).Es un proceso permanente e inacabado hasta el momento del encuentro definitivo con el Padre. En medio de nuestro constante peregrinar, hagamos una profunda y sincera “sentada” a lo largo de nuestro camino, aprovechando la liturgia cuaresmal para volver el corazón y nuestra mirada a Dios, desde la intimidad de la oración, y atenta escucha de su Palabra en clave de conversión, y volver el corazón al hermano por quien nos pregunta Dios (Gen 4, 9-10) viviendo la oración, el ayuno y la limosna como exigencia de la austeridad compartida. Sólo así podremos celebrar con los panes ácimos de la sinceridad y de la verdad, la Pascua 2022 y un día la eterna Pascua.

Que la Virgen Maria, nuestra Madre (Jn 19, 26-27) y Madre de la Iglesia comparta nuestro camino. Esta Madre que va hacer 61 años se acercó aprisa a esta montaña de Judá llamada Garabandal, dejándonos la gran tarea a cumplir sin demora expresada en los dos profundos y ricos mensajes, para escoger el camino de la vida y no de la muerte. A ella Mujer de la Pascua le encomendamos nuestra reconciliación haciendo lo que nos dice poniendo por obra las palabras que dijo a los sirvientes de las bodas de Canaán: “Haced lo que El os diga” (Jn 4, 14).

Refugio de los pecadores, ruega por nosotros

Padre Rolando

Caminando de la mano de nuestra madre y Señora la Virgen María para sentir los latidos maternales de su corazón en este año 2022 y se hagan realidad las palabras del Salmo 66 “El Señor tenga piedad y nos bendiga”

Año marcado por la profundidad humana y cristiana ante una realidad que nos inquieta y cuestiona nuestra fe ante el momento presente. Un comienzo de año que nos impulsa a afrontar con seriedad, aplomo, osadía, valentía y no digamos con una fe inquebrantable. Pasar página ante la realidad pandémica que nos agita sería un error. Deseo que comencemos el nuevo año con voluntad de renovación ante un nuevo estilo que se nos ha impuesto en este año y medio pasado. La novedad de este nuevo año no nos vendrá de fuera. La novedad solo puede brotar de nuestro interior buscando la fuerza en el Señor por medio de una profunda y constante oración. Despertar en nuestro interior la paz con uno mismo, con Dios y con los demás, ejercitando las obras de misericordia con los que sufren. En Dios todo es comienzo y renovación. Cada año que se nos ofrece es un tiempo abierto a nuevas posibilidades y, en este caso, a desconcertantes realidades que hemos y seguiremos padeciendo por la palabra y realidad pandemia, que nos ha hecho reconocer de nuevo nuestra condición humana herida y vulnerable. Es un tiempo de gracia y salvación en el que nos invita a plantearnos lo bueno y desterrar aquello que nos impide crecer en gracia y humanismo. Es importante escuchar las preguntas que puedan brotar de nuestro interior. ¿Qué espero yo del nuevo año, marcado por la pandemia y tantos brotes? ¿Cómo afrontar los problemas creados por el Covid: desigualdades alarmantes, mientras un millón de personas ante esta situación se hacen más ricos 23 se hacen más pobres, complejidad del control social, la situación sanitaria desconcertante, la alterada y confrontación política en su grado de corrupción? No olvidemos que este momento enmarcado en el año 2022 nos reta a una seria y recia fe, a una profunda espiritualidad, y a embarcarnos en la grandeza de la esperanza cristiana. No podemos olvidar que el año será lo que cada uno aportemos desde un serio compromiso para cambiar lo que es urgente y quitar todo aquello que atenta contra la cultura y dignidad de una persona. Cada tiempo nuevo es una llamada al trabajo y a la esperanza. El tiempo y el momento presente nos retan a ver, discernir y trabajar en la bruma. Cristo se acerca a los hombres en los momentos más difíciles, pero lo hace de una manera disimulada, para no herir y para no atropellar la libertad de construir la propia historia. En estos momentos de bruma también aparece el Señor, pero después de haber trabajado nosotros toda la noche y no estar cruzados de brazos. Bracear sin el Señor es tarea inútil, es año machacado y perdido. Es tiempo para trabajar juntos, con espíritu de fraternidad. Cuando se trabaja en fraternidad se acierta con lo que quiere el Señor durante el año. Este año se nos pide ser creyentes de profunda oración (Trato personal con Cristo), de sincera fraternidad (Comunión eclesial), de auténtico y generoso trabajo ante las circunstancias acuciantes como es este mundo con su represiones, suicidios, violencia de género y la entrada silenciosa pero grave de un comunismo que ataca los grandes valores del ser humano y la cultura de la vida y los vientos huracanados que soplan de todas las partes, y de una firmeza y audaz esperanza que nos impulsa correr hasta la meta para que al final del camino de la vida María nos muestre al Señor.

Que María, la más auténtica creyente, nos ayude a vivir abiertos y disponibles ante las tempestades y calmas del año que hemos inaugurado.

Quiero compartir con vosotros esta reflexión: DOCE CAMPANADAS NUEVAS EN EL 2022 PARA NUESTRO CORAZÓN

1º. Agradece el pasado como don de Dios. . Vive el presente “el hoy” como esperanza y creatividad. 3º. Di “SI” al paso cercano de Dios por tu vida. . Confía, Dios te encomienda cosas grandes. . Valora lo pequeño, llegaros a lo grande. . Mira la vida con sencillez y amor. 7º. Ten paz interior y buen humor, para lo que pase. 8º. Perdona y pide perdón. . Haz algo por el otro y serás feliz. 10º. Atento, estate con el auricular puesto, Dios te habla cada día. 11º. Dios cuenta contigo, no le falles. 12º. Ama a Dios, ama la vida y ama al mundo del creador y que, Santa María, que como Madre, mejor me conoce me ayude a vivir en alegría y frescura de corazón este año 2022 para que bendigamos y demos gracias a Dios, en el cual te queremos presente y ante el cual se abran, se abran como siempre tantos temores y esperanzas.

¡Feliz Año 2022, Señor! ¡Feliz Año Nuevo Santa María! ¡Felices días nuevos, hermanos! Padre Rolando

 

 

Navidad 2021

SANTA Y HUMANA NAVIDAD

Navidad en tiempos difíciles y creyentes intrépidos para recuperar al Niño Dios.

El día de Navidad nace la Luz que ilumina nuestra vida y nuestro caminar, “el pueblo que caminaba entre tinieblas vio una luz grande” (Isaías 9:1). El Señor de la Vida nos muestra su Rostro para que podamos mirarlo y quedar iluminados, como se dice en el salmo 34: 6, a través de Jesús descubrimos la vida del Espíritu. Y la Palabra se hizo carne, “y acampó entre nosotros” (Juan 1: 14).

Hoy necesitamos más que nunca esa Luz porque la oscuridad de estos tiempos del S XXI ensombrece los corazones y los pasos del hombre de hoy. Los apagones de luz obstaculizan ver el Rostro del Dios que vino y que viene. Un mundo atrapado por un desconcierto político que nos lleva a la ruina económica, moral y humana, con sus neurosis de poder y tener, con leyes provocativas que atentan a la gravedad de la vida, y a la dignidad de la persona, y a la realidad de hombre y mujer. Un mundo donde no hay lugar para Dios “vino a los suyos y no lo recibieron” (Juan 1: 11); “y a los que le recibieron y les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1: 12). Estas palabras alentadoras y esperanzadas que escucharon los pastores eran de ”gran alegría para todo el pueblo” (Lucas 2: 10).

Son unos pobres pastores, los únicos que están despiertos para escuchar la noticia. Dios es gratuito y acogido más fácilmente por los sencillos. Tienen razón los místicos cuando nos dicen que para acoger a Dios son necesarios tres pasos: vaciarnos, despojarnos y volvernos pobres. Tenemos cada vez más cosas más cosas para disfrutar, pero no deberán ocupar ni desplazar el lugar que corresponde a Dios. ¿Qué puede haber de verdad en estas fiestas tan estropeadas por interese consumistas y nuestra mediocridad? Son muchas las personas que les da igual creer que no creer, que Dios haya muerto o que haya nacido. No parecen necesitar a Dios.

La Navidad es siempre para los creyentes una llamada para renacer a la alegría, la esperanza, la solidaridad, la fraternidad y la confianza total en el Padre. Una fiesta mucho más honda y gozosa que todos los artilugios de nuestra sociedad de consumo. Los creyentes tenemos que recuperar de nuevo el corazón de esta fiesta desde el silencio. Navidad como María, contemplar desde el silencio e misterio de Dios, Amor que nos convoca a cambiar, a vivir para los otros, a construir en el mundo de nuevo el sacramento de la presencia de Dios que nos contagia su aliento. Un Dios que llega a los hombres para hacerse hermano nuestro. Es Cristo que llega a la historia del hombre, de todo hombre, de cada hombre. Es Cristo que llega al pesebre de Belén y a cada pesebre, a cada corazón. Alegría de Navidad, sólo posible si el corazón se reconoce pobre pesebre y se dispone a recibir al Dios Amor. Que por encima de la noche de las dificultades, crispaciones, resentimientos, hostilidades, apatías, gran crisis religiosa, y atormentados por el desconcierto de esta pandemia en sus diferentes rasgos que nos llevan cambiar el paso hacia Dios, hacia nosotros mismos y hacia los demás. Emprendamos, como los magos, el largo viaje de las responsabilidades personales y colectivas, sin dejarnos anestesiar por esta realidad política tan nefasta, para anunciar con obras y palabras el evangelio de la verdad y de la esperanza, con la atención total al espíritu de Dios, que suscita palabras y acciones capaces de encender la luz de los corazones que encontramos en nuestro camino.

Deseo que estas fiestas de Navidad sean de nuevo un hoy gozoso y un profundo encuentro con Jesús en el Belén de nuestra vida, con el mismo talante, alegría y sencillez de los pastores (Lucas 2: 8-20). Un encuentro que nos exige romper, dejar, y separar miedos, dificultades, seguridades, egoísmos y apatías, y que nos comprometa a contar lo que hemos visto y oído. Vivir la Navidad es descubrir en la profunda noche, cuando reinaba la más completa oscuridad, que el Señor ha sonreído sobre la tierra y su sonrisa ha resonado en mil ecos de paz. Él se ha hecho compañero de nuestro andar entre tropiezos y dolor. La Navidad es luz para proyectar en nuestro corazón y transmitir a los demás una imagen nueva de Dios.

 

Que María, nuestra Madre, doctora de la fe, de la esperanza y del Amor, camine junto a nosotros y sea vínculo de comunión eclesial.

Navidad cristiana y humana, con mi afecto y bendición

Padre Rolando.

 

Adviento 2021

 

 

 

 

 

 

 

Queridos fieles en Jesucristo bajo la mirada de nuestra Madre del Carmen:

Deseo que este tiempo del Adviento sea para todos un momento privilegiado, para celebrar y vivir el Evangelio de la Esperanza con audacia y optimismo en medio de las luces y sombras de nuestro mundo. La esperanza nos estimula a seguir caminando tras las huellas del Señor, junto a tantos hermanos y hermanas que buscan, como nosotros, “un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia…” (2° Pe 3,13). La esperanza cristiana se funda en la certeza de que Dios es fiel y no abandona a su pueblo y cumple sus promesas. Más aún, reconoce que en Jesucristo, el Señor de la historia, ha comenzado una historia nueva en que la muerte ha sido vencida y por ello ya no hay lugar para el pecado, el dolor y la injusticia (Hb 6,19-20). Así la esperanza cristiana nos estimula a no desalentarnos ante los retos y dificultades, a ser testigos de esperanza con una vida más evangélica y a buscar una vida más digna para todos, a luchar por la cultura de la vida. Para nosotros la esperanza tiene un nombre: JESUCRISTO, el Señor, “esperanza de la gloria” (Col 1,27). Con San Pablo, nos preguntamos: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?, ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?… “ y también con San Pablo, nos respondemos: “ tengo la certeza de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor…” (Rm 8, 31, 38,39).

Este tiempo litúrgico nos urge “en novedad” a revivir el imperativo de las palabras del evangelista: “Estad atentos y vigilad “ ( Mc 13,33 ). Atentos ante una sociedad fría donde, al parecer, Dios ya no interesa. Vigilantes ante un mundo donde corremos el riesgo de pasarnos la vida entera embotados y adormecidos por mil intereses accidentales, extraños a nuestro ser, incapaces de despertarnos el sentido más profundo de nuestra vida. Vigilantes para abrirnos con humildad y coraje al misterio del Dios encarnado. Sólo Dios acogido de forma responsable en el fondo del corazón y firme esperanza como Isaías, puede transformar nuestras vidas y hacernos capaces de afrontar las inseguridades y miedos, de conocer la belleza, contemplar al otro, escuchar el grito del sufriente y ver más allá de nuestros intereses. Atentos para despojar nuestro ser de todo obstáculo que impida ver el rostro de Dios encarnado, viviendo así la verdadera conversión proclamada por el bautista y asumiendo la vida de manera más responsable. Vigilantes para abrir nuestro corazón a Dios con la misma docilidad de María, haciendo de nuestra vida “hágase en mí según tu palabra”. Desde estas realidades podemos acercarnos, un año más a la Cueva del amor y descubrir que Navidad es:

– Una revelación de quién es Dios, una revelación escandalosa y feliz (Lc 2,11)

– Una revelación de quién es el hombre, una revelación de esperanza (2° Cor 8,9). En ese Niño la aventura humana se llena de esperanza.

– Una revelación de la fuerza salvadora de Dios, una revelación desconcertante y provocadora. Nos ha salvado desde la Cueva y desde la Cruz (Hbr 2,18).

Que el Emmanuel se encuentre en este “hoy” con cada uno de nosotros. Que encuentre en nosotros la apertura al Espíritu y la disponibilidad que encontró en María.

Un saludo afectuoso de vuestro hermano en Cristo

Padre Rolando

 

Una bella y reflexiva historia de luces, sombras y esperanzas que han marcado 60 años de historia en un pueblecito de Cantabria, San Sebastián de Garabandal (Rionansa-Cantabria-España) y desde él ha iluminado rincones de varias partes del mundo.

LUCES: Una luz que va iluminando 60 años, en medio de las tinieblas que a veces cubren la historia. El dos de Julio de mil novecientos sesenta y uno la ESTRELLA celestial (María, Nuestra Madre) ilumina las montañas de San Sebastián de Garabandal y desde aquí tantos rincones de Cantabria, España y del mundo. La Virgen, la Madre de Cristo y Madre nuestra, vino a “prisa” a estos lugares para traernos a Cristo (Lc 1, 39-46). Se acercó para fortalecer nuestra fe, consolidar nuestra esperanza y fortalecer los lazos del amor. Fueron cuatro años largos con unas casi tres mil apariciones, donde se compartían éxtasis impactantes, marchas estáticas, caídas sobrecogedoras, objetos besados por la Virgen, y un sinfín de acontecimientos que reclamaban la mano divina, así como la comunión visible del Arcángel San Miguel a Conchita.

Estos sucesos suscitaban y suscitan en los peregrinos, el asombro y la expresión que tales acontecimientos provenían de Dios y del cielo. Este lugar, con sus hechos y acontecimientos, ha marcado la mente y el corazón de los Bastianos y de tantos peregrinos sobre todo los veinte años primeros. Cuatro niñas marcaron esta marcha en el misterio de lo humano y de lo divino, sus nombres son: Mari Cruz, Jacinta, Mari Loli y Conchita. . Creo que en la soledad y la oscuridad de la noche surgen patentes las figuras de las niñas, aquellos rosarios, aquellos objetos entregados para besar la Virgen, aquellos éxtasis, aquellos movimientos y caídas eran el “aprisa” de una Madre que viene a traernos a su Hijo con un mensaje de amor y de conversión. Todo lo que se diga de Garabandal hay que hacerlo desde el silencio, desde la oración y desde la mirada maternal de la Virgen. Es hora de hacer una “parada” después de estos sesenta años para hacer un análisis varias perspectivas: 1) Testimonio de los testigos del lugar y de tantos lugares que se acercaron y se acercan.2) Visión respetuosa y profunda de los hechos acaecidos, desde la realidad religiosa y desde el respeto y obediencia a la Iglesia. Cuantos peregrinos han sentido “algo especial” como ellos dicen. 3) Reconocer con objetividad y respeto los estudios eclesiásticos sobre el tema. 4) El Estudio distendido de médicos, personas de “estudio”, de reconocido prestigio. Desde estos aspectos diversos se pueden dar pasos desde la oficialidad de la Iglesia, y así, enmudecer a tanto vidente, profeta y predicadores “oportunistas” que se manifiestan “católicos” y que alteran el lugar y la comunión con la Iglesia y, cuyas opciones y modos de vida, no son compatibles ni cotizan en la bolsa de la fe ni en los réditos del amor maternal de la Virgen. La Santísima Trinidad nos invita a una santidad comunitaria y a una misión compartida. La fe sencilla y profunda de nuestra gente llama a este momento a la comunión (Ef 1,22) (1ª Cor 12,4-11). Nosotros estamos llamados a ser testigos en este siglo XXI. Sabemos que esto no es fácil por la complejidad de nuestro tiempo, pero no es poco contar con la certeza que el Espíritu nos acompaña y nos seguirá acompañando hasta el final de los tiempos. Ante estas apariciones lo importante es cumplir los mensajes: la Conversión y la Eucaristía.

 

SOMBRAS: También hay sombras que, aunque alguien quiera olvidar o enmudecer, sería un flaco favor a estos acontecimientos de tal calibre. Las sombras no tienen fuerza para ocultar las luces, sino para aumentar su luz. Las podemos enumerar para reflexionar con mayor exactitud:

  • Peregrinos desorientados y cuyas apariciones les alimentan una falta de religiosidad, desencarnada de la fe autentica y, a pesar de esto, a veces, provoca un rayo de luz en sus vidas.
  • Sacerdotes, religiosos que se amparan en estos lugares para justificarse y movilizar gentes entorno al citado lugar sin aunar la profundidad del lugar, queriendo formar grupos disidentes de la Iglesia , alterando la verdad del Evangelio.
  • Personas que a la luz de este fenómeno, montan sus propios negocios, olvidando que no se puede servir a Dios y al dinero perdiendo así su oportunidad salvífica.
  • Peregrinos que se dedican a “evangelizar” equivocando a las gentes de buena voluntad y con frecuencia destruyendo la comunión eclesial tan deseada por la Virgen, adoctrinando y mezclándolo todo.
  • Saturación de libros para ser más de lo mismo, sin olvidar que el libro “Se fue con prisas a la montaña” es un referente esencial.
  • Proliferación de grupos que a veces atentan contra los carismas de la Iglesia y que buscan sus protagonismos personales.
  • Confrontación de los distintos grupos y movimientos que afectan a la unidad eclesial y anuncio del Evangelio.
  • El afán y pataleo para que la Iglesia apruebe tales acontecimientos, como si de ello dependiera nuestra conversión. Ante este hecho nos preguntamos: qué hay detrás de todo esto?.
  • La cantidad de opiniones sobre el tema que desconciertan a veces y rompen la fortaleza de la comunión eclesial, que atentan a la unidad y a la objetividad de los hechos, ya que acaparan a grupos para evangelizarles a espaldas de la doctrina de la Iglesia.
  • Venta por internet del sitio ante el ambicionado milagro. Manipulación de grupos extranjeros por motivos “dudosos” con la figura de la Virgen.
  • Lo más preocupante es el “parto” desmesurado de tradicionalismos e integrismos recalcitrantes que eensombrece la mesa de la Eucaristía, la figura de la Virgen. Lo que Ella quiere es la comunión eclesial de sus hijos, superando toda diferencia y centrarnos en el AMOR de Cristo, y que estando unidos no entremos en críticas ni descalificaciones, sin olvidarnos de las palabra
  • s del Señor (Lucas 6, 36-39): “No juzguéis y no seréis juzgados….). Se corre el riesgo que cada grupo se forme su Dios a su estilo, su Virgen a su capricho, su Evangelio adulterado por sus gustos, y una Iglesia de los buenos y acertados. Esta es la sombra más preocupante para la Iglesia oficial y para la Iglesia local.

ESPERANZAS: La seguridad plena de que un día, tal vez no lejano, Dios será Dios y la Virgen será la Virgen, sin necesidad de nuestros pataleos interesados y sin molestarles con nuestras mentes dudosas y nuestras palabras desafortunadas. El trabajo callado, silencioso, orante y creyente de tantas personas que no meten ruido, no alteran, no tienen bolsillo: sólo corazón y fe. Personas que van por “libre” sin necesidad de montar grupos, movimientos, etc…., que viven en profundidad los mensajes de la Virgen. Todas aquellas personas (peregrinos) que vienen con sencillez y fe para encontrar respuesta a su fe, consuelo a sus cruces y preocupaciones, y se llenan del amor de la Virgen, viven un milagro personal. La plena esperanza es que un día, no muy lejano, se hagan realidad el aviso y milagro anunciados por la Virgen a Conchita. El segundo mensaje, para ser sinceros, se ha cumplido y se está cumpliendo provocando una seria cicatriz a la Iglesia, y solo nos dan fuerzas las palabras de Cristo: “Yo estoy con vosotros”, Él nos “calma” las tempestades que asolan el mundo y a la Iglesia. Debemos poner por obra el primer mensaje de la Virgen: CONVERSION, EUCARISTIA, PERO ANTES SER MUY BUENOS. Tenemos la plena esperanza de que este lugar sea un cenáculo de Pentecostés donde se brindan: la fraternidad, la oración junto con María, para que el Espíritu Santo ilumine este lugar y nuestro camino, fortalezca nuestros corazones para afrontar con libertad, valentía, aplomo y osadía los gozos y esperanzas, los dolores y pruebas de este valle de lágrimas. Podemos y debemos llamarla desde este lugar: ¡Virgen del Carmen de Garabandal nuestra esperanza! Deseamos que nosotros, peregrinos de la fe y de la esperanza, nos acerquemos a este lugar como espacio de oración, de fraternidad, de conversión, de Eucaristía bajo el impulso del Espíritu Santo. Este lugar no tiene propiedad, es de puertas abiertas, y solamente San Sebastián de Garabandal nos brinda por la historia y el tiempo a una Madre compartida. Esperamos que el estudio exhaustivo y serio de la Iglesia oficial se siga haciendo, como siempre, con talante firme y prudente de unos hechos, evitando que ningún obispo lo utilice para favorecer su prestigio personal.