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Queridos hermanos y hermanas

Deseo que las fiestas de la Navidad 2019-2020 nos hayan acercado, de nuevo y un año más, a Belén con la misma alegría y sencillez de los pastores ( Lc 2, 8-20 ), y descubrir que Belén es una rebelación gozosa de Amor, que desciende y une su suerte con la nuestra, es una rebelación de Esperanza, la aventura humana se llena de esperanza ( 2 Cor 8,9 ), y es rebelación de Salvación desde una cueva y en un pesebre. Dos noches históricas e irrepetibles sofocaron y sofocan las tinieblas que cubren el mundo y su historia (Is 9,1-6). La noche buena y la noche cúlmen del Sábado Santo Pascual. Dos noches que cambiaron el mundo, su historia y sus gentes. Luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9-10 ). Noches que como columnas de fuego iluminan al pueblo de Dios para atravesar el Mar Rojo de su historia y llegar a la tierra prometida (Ex 14, 19-21). La presencia del “Emmanuel” (Dios con nosotros) rompe miedos, seguridades, apatías en este frío mundo cuajado de posibilidades y amenazado por serias dificultades de dolor, impulsado por un tsunami destructivo, pero no estamos solos. La gran alegría del mundo y de nuestra vida está en el nacimiento del Salvador, que es Cristo. Urge la prisa para, dejando miedos, rebaños y venciendo el frío de la noche de nuestro tiempo, encontrar al nacido como le sucedió a los pastores. La ternura del amor de Dios comienza en una cuna de madera y culmina en el sufrimiento amoroso de la Cruz. Volver de Belén implica la alabanza y el testimonio de lo que hemos visto y oído (Lc 2,8- 17).

Al comienzo de un nuevo año (2020) se hace más urgente la esperanza de trabajar con libertad y responsabilidad y profundizar nuestra adhesión real a Cristo, proyecto único y sereno de nuestro ser a su Evangelio como única norma de vida y a su Iglesia como espacio para ser sacerdotes, profetas y reyes.

Que María, la más auténtica creyente nos ayude a vivir abiertos y disponibles al espíritu para que Cristo se encarne en nuestra vida, así haremos nuestra la exhortación de orígenes: “ ¿ de qué sirve que Cristo viniera una vez en carne si no viene a tu corazón?”. Vivamos nuestra realidad personal al estilo de San José ( Mt 1,20-25), justo, prudente, oyente a la llamada y obediente.

Vuestro párroco y servidor, el Padre Rolando