Cuaresma-Pascua 2019

Caminando hacia la Cuaresma….

Queridos fieles:

         De nuevo resuena en nuestros corazones y las comunidades la invitación de Jesús: “Convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mr 1,15). Las palabras de Joel nos invitan a la seriedad de la Cuaresma: “ Rasgad vuestros corazones, no las vestiduras” (Jol 2, 12-18). San Pablo nos urge siempre hacer realidad sus palabras: “Reconciliaos con Dios, ahora es el tiempo favorable” (2ª Cor 5, 20-6,2). La conversión no es una práctica ya en desuso que hay que recordar en tiempo cuaresmal. Es la orientación siempre perenne y nueva de toda nuestra vida, el cambio de rumbo que necesitamos para vivir de manera más sana sin estropear todavía nuestra persona. La Cuaresma es un tiempo para creyentes capaces de confrontar valientemente su vida con la verdad del Evangelio. Es un tiempo de reflexión, de austeridad, oración y escucha intensa de la palabra de Dios. Es el tiempo reflexivo para escuchar los pasos de Dios en nuestra vida (Gn 3. 8-10). Son los pasos de Dios en busca de “Adán”, en busca paternal de todo hombre y mujer. Siempre y en todo momento Dios Padre sale en nuestra búsqueda en el frescor de cada tarde e historia personal, cada uno tenernos la libertad para acogerle y no escondernos por temor a nuestros pecados. Con la seguridad de que Dios  nos brinda su “amor” y surge en nosotros la gran plegaría: “Asegura  mis pasos en tus promesas” (Sal 119,133), “Sean firmes mis pasos en tus sendas” (Sal 17,5). El tiempo litúrgico a celebrar nos impulsa a la búsqueda de Jesucristo como Zaqueo (Lc 19,..), y por la pequeñez de nuestro ser y los obstáculos de nuestra realidad necesitamos subirnos de la oración,  el ayuno y la limosna para “ver” a Jesús y escuchar la llamada a “bajar” de nuestro ciego “yo” y sentarnos gozosos en la mesa de Jesús en un espíritu de generosa conversión.  

         Que Virgen María, mujer de la escucha y de la entrega generosa a los designios de Dios, nos acompañe en la tarea cuaresmal a lo largo de toda nuestra vida.

Un saludo y Oración

Padre Rolando