Adviento-Navidad 2018-19

Queridos fieles:

Deseo que este tiempo del Adviento sea para todos un momento privilegiado, para celebrar y vivir el Evangelio de la Esperanza con audacia y optimismo en medio de las luces y sombras de nuestro mundo. Este tiempo litúrgico nos surge en “novedad” a revivir el imperativo de las palabras del evangelista: “Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre” (Lc 21-36). Atentos ante una sociedad fría donde, al parecer, Dios ya no interesa. Vigilantes ante un mundo donde corremos el riesgo de pasarnos la vida entera embotados y adormecidos por mil intereses accidentales, extraños a nuestro ser, incapaces de despertarnos el sentido más profundo de nuestra vida. Vigilantes para abrirnos con humildad y coraje al misterio del Dios encarnado. Sólo Dios acogido de forma responsable en el fondo del corazón y firme esperanza como Isaías, puede transformar nuestras vidas y hacernos capaces de afrontar las inseguridades y miedos, de conocer la belleza, contemplar al otro, escuchar el grito del sufriente y ver mas allá de nuestros intereses. Atentos para despojar nuestro ser de todo obstáculo que impida ver el rostro del Dios encarnado, viviendo así la verdadera conversión proclamada por el bautista y asumiendo la vida de manera más responsable. Vigilantes para abrir nuestro corazón a Dios con la misma docilidad de María, haciendo de nuestra vida un “hágase en mí según tu palabra”. Desde estas realidades podemos acercarnos, un año más, a la Cueva del amor y descubrir que Navidad es:

– Una revelación de quién es Dios, una revelación escandalosa y feliz (Lc 2,11).

– Una revelación de quien es el hombre, una revelación de esperanza (2ª Cor 8,9). En ese Niño la aventura humana se llena de esperanza.

– Un revelación de la fuerza salvadora de Dios, una revelación desconcertante y provocadora. Nos ha salvado desde la Cueva y desde la Cruz (Hbr 2,18).

Que el “Emmanuel” se encuentre en este “hoy” con cada uno de nosotros. Que encuentre en nosotros la apertura al Espíritu y la disponibilidad que encontró en María.

Que María, creyente y Bienaventurada, madre de todos los hombres sea nuestro impulso para hacer de la Navidad en este tiempo difícil y atrayente, la civilización del amor, sabiendo que en cada día existe un futuro para todos los hombres.

Un Saludo y una oración

Padre Rolando